domingo, 2 de septiembre de 2012

LA VIVEZA CRIOLLA EL EL PERU

El Perú, como la mayoría de los países latinoamericanos, se ha caracterizado por propiciar una cultura basada en valores endebles o poco consistente y desafortunadamente por esas distorsiones propias de la idiosincracia de muchos por premiar la criollada, la viveza. Desde el simple (en apariencia) hecho de cuando el pequeño de la casa que acude a mercado y se trae en el bolsillo un limón y se celebra la "ocurrencia", ¡Hay hijito, tre trajiste un limón de la casera, bueno déjalo ahí servirá para la limonada!... ¿Qué se enseña?...,  o cuando el niño, el jóven o incluso el adulto que va al supermercado, coge productos, los abre los come y luego lo deja por ahí para no pagarlo, "El famoso vivo", y nadie dice nada, o las conocidas reventas de entradas a los conciertos, estadios, eventos hasta las ya conocidas coimas a los policías, fiscales y hasta jueces. Por eso, el dicho en el Perú todos tienen un precio, todos se venden, todo se compra, hasta las conciencias... Penoso... muy penoso...
Este comportamiento, generado por una “carencia de identidad nacional” como menciona Gisèle Velarde La Rosa en su artículo referente a “Pepe el vivo”, muestra el “fracaso del hombre, que no ha sabido o no ha querido encontrar una manera de entenderse con el Otro” (Kapuscinski, Ryszard, Reportero del Siglo, p.16 - 2007, FNPI). Este comportamiento del peruano, tomado como estereotipo de esta desviación de la correcta intersubjetividad, se arraiga y se aprende de manera implícita y explícita a lo largo de nuestra vida como una forma de supervivencia y de obtención de mejores beneficios. Cualquier corriente contraria –que vaya más de la mano con una correcta aproximación a la igualdad –es tomada como una alienación de la cultura de la “viveza” significando para su autor la burla, el rechazo o hasta el aislamiento social por parte de los demás; es un mal sistémico, en crecimiento y aparentemente sin solución. Por eso, en el Perú ser bombero es hasta motivo de burla, de sorna, pero cuando ocurre una desgracia a quien se llama primero al bombero..., ser honesto es equivalente en la mente del "vivo" a ser tonto, devolver algo, es ser "estúpido", "lento, quedado, mongo", completamente fuera de contexto, son valores que se deben afianzar, no vivimos en un mundo al revés, quienes tenemos el deber de formar, pues debemos partir de generar y fortalecer los valores, fuente inequívoca de una mejor convivencia, de justicia y de paz social.
Parece extraño observar en un vehículo de transporte público el respeto por el ‘asiento reservado’ y al mismo tiempo el maltrato a escolares; estos casos nos muestran, irónicamente, la solución. Las personas tienden a tener mayor respeto por aquellas acciones, normas, y hechos con los que ellos se sientan identificados –colocándose el sombrero del Otro– de manera que por ejemplo se sensibilizan al velar porque un anciano o mujer gestante tenga preferencia (porque podría tratarse de su padre o esposa, hermana, etc.) para sentarse.
Entonces sí estamos en una sociedad donde “de un modo u otro, es preciso proteger a la minoría” (Wolff, Jonathan, Filosofía Política, p.3 – 2001, Ariel), por no decir, al más débil.
Para concluir, la viveza criolla es una forma sistémica de supervivencia (del más fuerte) que se aprende culturalmente y que va en contra de la búsqueda por entender al Otro. Es una “norma popular” aprobada por la mayoría, que crece casi desmesuradamente, pero que puede ser aliviada colocándose el sombrero del Otro.
Ampliado Basado en el artículo La Viveza Criolla en el Perú de Linn Mora

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